La emoción precede a la razón, según Daniel Goleman
15/08/2007 Daniel Goleman con su texto La inteligencia emocional aportó la prueba empírica de que la emoción precede a la razón
Las cuestiones técnicas y tecnológicas están trayendo consecuencias nefastas e irreversibles para nuestra ecología mundial, tanto es así que muchas son ya las voces que se alzan hacia la utilización de la razón y las emociones en la intervención del hombre en los ecosistemas, si queremos legar algún patrimonio a nuestros hijos.
Las intervenciones técnicas tienen que adecuarse a un nuevo paradigma de producción menos agresivo, de distribución más equitativa, de consumo responsable y de absorción de los residuos para que no perjudiquen a los ecosistemas. Para eso necesitamos rescatar las emociones, afectos, sensibilidad o el pathos que antiguamente oscurecía el mirar analítico sobre el objeto pero que ahora no puede ser reprimido.
Diversas corrientes evidencian el compromiso inevitable del sujeto con el objeto. Daniel Goleman aportó la prueba empírica de que la emoción precede a la razón con su texto La inteligencia emocional. Esto se comprende mejor si pensamos que nosotros, los humanos, no somos simplemente animales racionales sino mamíferos racionales. El gran desafío actual es dar centralidad a lo que es más ancestral en nosotros, el afecto y la sensibilidad. Sin la sensibilidad, la operación de la tecnociencia será insuficiente. Pero una ciencia con conciencia y con sentido ético puede encontrar salidas liberadoras a nuestra crisis.
Goleman reunió los resultados de una década de estudios en conducta y procesamiento de las emociones con el fin de expresarlos de manera sencilla y accesible al público en general. Este autor define la inteligencia emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar nuestros propios estados anímicos y los ajenos. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas.
Las intervenciones técnicas tienen que adecuarse a un nuevo paradigma de producción menos agresivo, de distribución más equitativa, de consumo responsable y de absorción de los residuos para que no perjudiquen a los ecosistemas. Para eso necesitamos rescatar las emociones, afectos, sensibilidad o el pathos que antiguamente oscurecía el mirar analítico sobre el objeto pero que ahora no puede ser reprimido.
Diversas corrientes evidencian el compromiso inevitable del sujeto con el objeto. Daniel Goleman aportó la prueba empírica de que la emoción precede a la razón con su texto La inteligencia emocional. Esto se comprende mejor si pensamos que nosotros, los humanos, no somos simplemente animales racionales sino mamíferos racionales. El gran desafío actual es dar centralidad a lo que es más ancestral en nosotros, el afecto y la sensibilidad. Sin la sensibilidad, la operación de la tecnociencia será insuficiente. Pero una ciencia con conciencia y con sentido ético puede encontrar salidas liberadoras a nuestra crisis.
Goleman reunió los resultados de una década de estudios en conducta y procesamiento de las emociones con el fin de expresarlos de manera sencilla y accesible al público en general. Este autor define la inteligencia emocional como la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar nuestros propios estados anímicos y los ajenos. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas.
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